¿Por qué me da vergüenza la persona que fui?
A veces no rechazamos solamente lo que ocurrió. Rechazamos a quien fuimos mientras ocurría: la parte que tuvo miedo, necesitó ayuda, permaneció, colapsó, confió o hizo lo que pudo para sobrevivir.
Si alguna vez te has preguntado “¿por qué me da vergüenza la persona que fui?”, es posible que no estés rechazando solamente tu pasado, sino a la versión de ti que intentó sobrevivir con los recursos que tenía. Este rechazo puede aparecer cuando una experiencia dolorosa queda asociada a vergüenza, rabia, desprecio o autocrítica hacia quien fuiste durante esa etapa. Puede relacionarse con trauma, vergüenza crónica, ansiedad, depresión, apego, trauma complejo y fobia disociativa.
El rechazo hacia la versión de ti que sufrió
Hay experiencias que dejan una huella mucho después de haber terminado.
Una relación. Un episodio depresivo. Un ataque de pánico. Una etapa de ansiedad. Una pérdida. Una experiencia traumática. Una época de profunda soledad.
Muchas personas llegan a terapia convencidas de que todavía sufren por aquello que ocurrió. Y aunque eso puede ser cierto, con frecuencia descubrimos algo más profundo.
No es solamente el recuerdo lo que duele.
Duele la imagen que conservan de sí mismas durante aquella etapa.
- La mujer que permaneció en una relación que hoy considera inaceptable.
- El hombre que se derrumbó cuando siempre creyó que debía mantenerse fuerte.
- La persona que necesitó ayuda cuando se había acostumbrado a ser autosuficiente.
- La adolescente que no supo defenderse.
- La niña que siguió esperando amor.
- La parte que tuvo miedo.
- La parte que se paralizó.
- La parte que confió.
- La parte que rogó.
- La parte que no sabía.
En consulta escucho frases como:
“Me da vergüenza recordar cómo era yo.”
“No entiendo cómo pude quedarme tanto tiempo.”
“Odio haber necesitado tanto a esa persona.”
“No quiero volver a ser esa versión de mí.”
Y poco a poco se vuelve evidente algo importante: la lucha ya no es únicamente contra el pasado.
La lucha se ha convertido en una lucha contra una parte de uno mismo.
Cuando la compasión tiene una excepción
Existe una paradoja que aparece con mucha frecuencia en terapia.
Muchas personas son profundamente compasivas con otros. Pueden comprender el sufrimiento ajeno. Pueden reconocer que una víctima no tiene la culpa de haber sido dañada. Pueden entender que una persona ansiosa no eligió desarrollar ansiedad. Pueden sentir ternura hacia una niña que creció sintiéndose sola.
Pero cuando observan su propia historia aparece una excepción.
Las reglas cambian. La comprensión desaparece. La compasión desaparece. Y aparece algo diferente: juicio, vergüenza, desprecio o rechazo.
Una mujer puede decir: “Si una amiga me contara esto, yo jamás la juzgaría”. Pero cuando habla de sí misma, agrega: “Pero yo sí debí saberlo”.
Ahí aparece la excepción. La compasión existe, pero todavía no alcanza a esa versión de sí.
No porque la persona sea cruel consigo misma de manera intencional. Sino porque existe una parte de su historia que quedó asociada a emociones extremadamente dolorosas. Y cada vez que intenta acercarse a ella, el sistema emocional reacciona como si estuviera acercándose a algo peligroso.
No rechazo lo que pasó. Rechazo a quien fui mientras pasaba
Esta diferencia es fundamental.
Muchas personas creen que están intentando evitar un recuerdo. Sin embargo, cuando exploramos con mayor profundidad, descubrimos que el problema no es únicamente el recuerdo.
Es la identidad asociada al recuerdo.
También es: “no soporto a quien era cuando eso ocurrió”.
La persona no rechaza únicamente la situación. Rechaza la vulnerabilidad que sintió, el miedo, la dependencia, la tristeza, la impotencia, la confusión, la necesidad, la parte que no supo qué hacer, la parte que no pudo defenderse, la parte que permaneció o la parte que colapsó.
La experiencia deja de ser “no quiero recordar eso” y se transforma en “no quiero volver a encontrarme con esa parte de mí”.
Ya no estamos trabajando solamente con una experiencia traumática o dolorosa. Estamos trabajando con una ruptura en la relación que la persona mantiene consigo misma.
La vergüenza traumática: cuando el problema deja de ser el evento
Para comprender este fenómeno necesitamos hablar de vergüenza.
La vergüenza es una de las emociones más incomprendidas dentro de la experiencia humana. Gershen Kaufman describió la vergüenza como una emoción que interrumpe la conexión: no solamente la conexión con otras personas, sino también la conexión con uno mismo.
| Emoción | Mensaje interno frecuente | Movimiento emocional |
|---|---|---|
| Culpa | “Hice algo malo.” | Reparar, corregir, asumir responsabilidad. |
| Vergüenza | “Hay algo malo en mí.” | Esconderse, desaparecer, rechazar partes del self. |
| Vergüenza traumática | “Lo que viví dice algo defectuoso sobre mí.” | Evitar recuerdos, emociones y versiones de uno mismo. |
Cuando una situación queda asociada a vergüenza, la persona deja de preguntarse únicamente “¿qué me pasó?” y comienza a preguntarse “¿qué dice esto sobre mí?”.
A partir de ahí aparecen conclusiones como:
- “Fui débil.”
- “Fui ingenua.”
- “Fui demasiado dependiente.”
- “Debí haber sabido.”
- “Debí haber reaccionado.”
- “No debería haber necesitado tanto.”
La herida deja de estar únicamente en el evento. Empieza a instalarse en la identidad.
La vergüenza como ruptura del contacto con uno mismo
Patricia DeYoung plantea que la vergüenza crónica no es simplemente una emoción desagradable. Es una experiencia relacional profunda que puede organizar la manera en que una persona se percibe a sí misma.
La vergüenza rompe contacto. Rompe el contacto con la mirada del otro, con la propia dignidad y con la parte de uno mismo que necesita ser vista.
Cuando la vergüenza se vuelve crónica, la persona puede empezar a vivir ciertas partes de su historia como si fueran zonas prohibidas.
No se acerca. No mira. No toca. No recuerda demasiado. No porque no importe, sino porque acercarse activa amenaza.
Dicen: “me da vergüenza haber sido yo en ese momento”.
El error de juzgar el pasado con recursos que no tenías en ese momento
Una de las trampas más frecuentes que observamos en consulta consiste en evaluar el pasado utilizando recursos del presente.
La persona mira hacia atrás con la información actual, la experiencia actual, la madurez actual, la terapia actual y la regulación emocional actual.
Y desde ese lugar concluye: “era obvio”, “debí haberme dado cuenta”, “debí haberme ido antes”, “debí haber puesto límites”, “debí haber reaccionado”.
Sin embargo, la persona que existía entonces no tenía acceso a nada de eso. No tenía la claridad que posee hoy. No tenía los recursos que posee hoy. No tenía la distancia emocional que posee hoy. No tenía los aprendizajes que posee hoy. No tenía, quizá, la red de apoyo que tiene hoy.
Una parte importante del trabajo terapéutico consiste en devolver contexto. No para justificar todo lo ocurrido, sino para comprenderlo con menos crueldad y más honestidad.
Cuando una parte de ti se convierte en algo que intentas evitar
Muchas personas creen que tienen un problema de aceptación. Dicen: “necesito perdonarme”, “necesito aceptarme”, “necesito dejar el pasado atrás”.
Sin embargo, con frecuencia descubrimos que el problema principal no es la aceptación. Es la evitación.
Cada vez que aparece determinada parte de la experiencia interna surge una reacción automática. Puede sentirse como vergüenza, ansiedad, rechazo, miedo, irritación, desconexión o incluso asco.
Entonces el sistema intenta alejarse. Cambia de tema. Intelectualiza. Minimiza. Critica. Se distrae. Se desconecta.
Aunque esto suele ocurrir fuera de la conciencia, tiene una lógica comprensible: desde la perspectiva del sistema nervioso, acercarse a esa parte se siente peligroso.
La fobia disociativa: cuando el problema no es el recuerdo, sino acercarse a él
Desde la Teoría de la Disociación Estructural, Van der Hart, Nijenhuis y Steele describen un fenómeno muy útil para comprender estos procesos: las fobias relacionadas con el trauma o fobias disociativas.
No hablamos de una fobia a las alturas o a los espacios cerrados. Hablamos de una evitación intensa hacia experiencias internas: emociones, necesidades, recuerdos, sensaciones corporales o partes de la personalidad.
Esto ocurre porque esas experiencias quedaron asociadas a sufrimiento intenso.
Muchas veces la persona desarrolla una fobia hacia la versión de sí misma que existió durante el sufrimiento.
- No quiere sentir lo que sintió.
- No quiere recordar cuánto miedo tenía.
- No quiere recordar cuánto necesitó.
- No quiere recordar cuán vulnerable se sintió.
- No quiere recordar cuán sola estaba.
Porque cada acercamiento reactiva dolor. Y el sistema interpreta ese dolor como una amenaza.
No siempre basta con decir “ya pasó”. Para el sistema nervioso, a veces no ha pasado del todo, porque cada vez que esa parte interna aparece, la amenaza se reactiva.
Cuando el rechazo parece protección
Esta es una de las capas más importantes del trabajo terapéutico.
Muchas personas no quieren dejar de juzgar a esa versión de sí mismas porque sienten que, si dejan de hacerlo, podrían volver a ser como eran antes.
- “Si dejo de criticarme, voy a volver a permitir lo mismo.”
- “Si tengo compasión por esa parte, me voy a volver débil.”
- “Si entiendo por qué actué así, entonces lo estoy justificando.”
- “Si dejo de rechazar esa versión de mí, puedo volver a necesitar igual.”
En esos casos, el rechazo tiene una función protectora. La crítica intenta evitar que el dolor se repita. La dureza intenta prevenir la vulnerabilidad. El desprecio intenta construir distancia.
Pero el costo es enorme. Porque al intentar eliminar la vulnerabilidad, la persona también termina alejándose de su capacidad de sentir, vincularse, confiar, pedir ayuda y recibir cuidado.
Cómo entendemos esto desde PARCUVE
Desde el trabajo clínico que realizo, muchas veces no encontramos una sola “voz interna”. Encontramos un sistema de partes que intenta sobrevivir como puede.
| Parte | Qué suele sentir o hacer | Qué intenta proteger |
|---|---|---|
| Parte vulnerable | Miedo, tristeza, necesidad, soledad. | La necesidad de ser vista y cuidada. |
| Parte avergonzada | Se esconde, cree que algo en ella fue defectuoso. | Evitar exposición, juicio o humillación. |
| Parte crítica | Juzga, exige, acusa, endurece. | Que “eso nunca vuelva a pasar”. |
| Parte protectora | Controla, anticipa, desconfía, no quiere necesitar. | Prevenir dolor, rechazo o dependencia. |
| Parte sobreviviente | Funcionó como pudo y permitió continuar. | La vida posible con los recursos disponibles. |
Desde una mirada PARCUVE, el objetivo no es eliminar partes. Tampoco es obligar a la persona a amar inmediatamente aquello que rechaza. El primer paso suele ser reconocer la función de cada parte.
La crítica no aparece porque sí. La vergüenza no aparece porque sí. La evitación no aparece porque sí. Cada una intenta resolver algo.
El problema es que muchas veces intentan resolverlo atacándose entre ellas.
Muchas veces la persona cree que el problema fue haber sido vulnerable. Pero clínicamente encontramos otra cosa: el problema no fue la vulnerabilidad. El problema fue que la vulnerabilidad ocurrió en un contexto donde no recibió cuidado, protección o respuesta adecuada.
La parte crítica no siempre logra distinguir eso. Entonces dice: “el problema fue que necesitaste”, “el problema fue que confiaste”, “el problema fue que sentiste”, “el problema fue que te quedaste”.
En terapia, muchas veces no intentamos convencer a la crítica de que está equivocada. Primero intentamos entender qué intenta prevenir. Luego ayudamos al sistema a descubrir que proteger no tiene que significar atacar.
Lo que observamos una y otra vez en Brainspotting
Muchas personas intentan resolver este conflicto únicamente pensando. Intentan convencerse, razonar, analizar. Y aunque eso ayuda, muchas veces no es suficiente.
Porque el rechazo también está almacenado en el cuerpo.
A veces le pedimos a una persona que observe internamente a esa versión de sí misma que más vergüenza le genera. Y antes de que aparezca una sola palabra, sucede algo.
- La mirada baja.
- La garganta se cierra.
- El pecho se comprime.
- La mandíbula se tensa.
- Aparece presión en el estómago.
- Surge el impulso de mirar hacia otro lado.
- O aparece una desconexión inmediata.
El sistema ya está reaccionando mucho antes de que exista una explicación.
En Brainspotting esto es clínicamente muy relevante, porque no trabajamos solamente con la historia que la persona cuenta. Trabajamos también con la activación que aparece cuando el sistema intenta acercarse a esa historia.
A veces el objetivo inicial no es “procesar todo”. Es permitir que la persona pueda quedarse unos segundos más cerca de esa parte sin colapsar, sin huir, sin atacarse y sin desaparecer emocionalmente.
Ese pequeño cambio puede ser enorme, porque el sistema empieza a aprender que acercarse a esa parte no necesariamente implica quedar atrapado en ella.
Puedes profundizar en el abordaje de trauma psicológico y trauma complejo.
¿Por qué esta capa puede bloquear procesos terapéuticos?
A veces una persona intenta trabajar durante mucho tiempo un evento, una relación o una etapa de su vida, pero el proceso se siente estancado.
Habla del tema. Lo analiza. Lo comprende. Encuentra patrones. Identifica heridas. Pero algo no termina de moverse.
Una razón frecuente es que todavía existe una capa de rechazo hacia la parte de sí misma que vivió aquello.
Entonces, cada vez que el proceso terapéutico intenta acercarse al núcleo emocional, aparece una barrera.
- La crítica dice: “no quiero verla”.
- La vergüenza dice: “no quiero que esto exista”.
- La protectora dice: “no vuelvas a abrir eso”.
- La parte actual dice: “ya debería haberlo superado”.
Y la parte vulnerable queda nuevamente sola.
En esos casos, intentar trabajar directamente el trauma puede ser demasiado pronto. Primero hay que trabajar la relación con la parte que carga ese trauma.
Por eso muchas veces esta capa emocional necesita abordarse antes de poder avanzar. Puedes leer más sobre trauma complejo, TEPT y disociación.
Ejemplos clínicos anonimizados
Los siguientes ejemplos son composiciones clínicas basadas en patrones frecuentes observados en consulta. No corresponden a personas identificables.
Una mujer consultaba porque, aunque su relación había terminado hacía años, seguía sintiendo vergüenza. No quería volver. No extrañaba la relación. No deseaba reconciliarse.
Pero cuando recordaba a la versión de sí misma que esperaba mensajes, justificaba conductas o se ilusionaba con pequeños gestos, sentía rechazo.
Decía: “No soporto haber sido esa mujer”.
El trabajo no consistió únicamente en explicar dependencia emocional. Tampoco en repetirle que “no era su culpa”. Eso ayudaba, pero no alcanzaba. Fue necesario acercarnos a esa versión de ella con mucho cuidado: no para justificar lo que ocurrió, sino para entender qué necesitaba, qué temía, qué recursos no tenía y qué intentaba proteger.
Un hombre consultaba por ansiedad persistente después de un episodio de pánico. Lo que más le dolía no era el ataque en sí. Era recordarse llorando, temblando y pidiendo ayuda.
Decía: “Yo no soy así”.
Esa frase mostraba una ruptura interna. Una parte de él intentaba expulsar la vulnerabilidad porque la asociaba con fracaso. En terapia trabajamos no solo el miedo corporal, sino la vergüenza de haber sido visto en estado de necesidad.
Puedes leer más sobre ataques de pánico, síntomas y tratamiento.
Una persona que había atravesado una depresión severa decía: “Perdí años de mi vida”.
Pero lo que aparecía debajo no era solamente tristeza por el tiempo perdido. Era desprecio hacia la versión de sí que no podía levantarse, responder mensajes, trabajar o sostener rutinas.
El proceso implicó diferenciar responsabilidad, enfermedad, agotamiento, historia personal y recursos disponibles. Porque la parte deprimida no era una enemiga. Era una parte que había estado profundamente sobrepasada.
Otra persona decía: “Me da vergüenza lo importante que era para mí”.
No rechazaba solamente una relación. Rechazaba la necesidad de ser querida.
El trabajo consistió en mirar esa necesidad como una expresión humana de apego, no como una falla de carácter. Porque necesitar amor no era el problema. El problema fue haber aprendido que necesitar amor era vergonzoso.
Cómo se trabaja en terapia
Desde Terapia Cognitivo Conductual
Desde una perspectiva cognitivo-conductual trabajamos identificando las conclusiones que la persona construyó acerca de sí misma.
Muchas veces el problema no es únicamente lo ocurrido. Es el significado asociado a lo ocurrido: “me quedé porque soy débil”, “tuve ansiedad porque no soy fuerte”, “necesité ayuda porque no puedo sola”, “no me defendí porque hay algo malo en mí”.
Estas conclusiones suelen sentirse como hechos, pero frecuentemente son interpretaciones construidas desde la vergüenza. La terapia busca examinarlas con curiosidad, evidencia y contexto.
Puedes leer más sobre Terapia Cognitivo Conductual en Costa Rica.
Desde Terapia Centrada en la Compasión
Paul Gilbert plantea que la vergüenza y la autocrítica están profundamente relacionadas con sistemas de amenaza. Cuando una persona se siente avergonzada, el cerebro responde como si existiera peligro.
Por eso aparecen ataque interno, evitación, retraimiento y necesidad de esconderse.
La compasión no consiste en convencerse de que todo está bien. Tampoco consiste en romantizar el sufrimiento. Consiste en desarrollar una relación diferente con aquello que duele.
Lo que suele cambiar cuando esta capa empieza a sanar
La persona no necesariamente deja de sentir tristeza. No necesariamente deja de lamentar lo ocurrido. No necesariamente deja de reconocer que hubo decisiones que hoy tomaría distinto.
Pero empieza a mirar de forma distinta a quien fue. Comienza a reconocer recursos donde antes veía defectos. Comienza a ver supervivencia donde antes veía fracaso. Comienza a ver contexto donde antes veía culpa. Comienza a ver dolor donde antes veía vergüenza.
Si sientes vergüenza por la persona que fuiste, rechazo hacia tu pasado o dificultad para mirar una parte de tu historia sin atacarte, puede trabajarse desde una mirada clínica integrativa que incluya trauma, TCC, Brainspotting, compasión, regulación emocional y trabajo con partes.
Agendar citaPreguntas frecuentes
¿Por qué me da vergüenza la persona que fui?
Puede ocurrir cuando una experiencia dolorosa queda asociada no solo al recuerdo, sino a la identidad. La persona no rechaza solamente lo que pasó, sino a quien fue mientras ocurría: la parte que tuvo miedo, necesitó, permaneció o no pudo defenderse.
¿Qué es el rechazo hacia la versión de mí que sufrió?
Es una forma de vergüenza y autocrítica dirigida hacia la parte de uno mismo que atravesó una etapa difícil. Puede aparecer después de trauma, ansiedad, depresión, relaciones dañinas, abuso emocional o experiencias de alta vulnerabilidad.
¿Qué es la vergüenza traumática?
La vergüenza traumática aparece cuando una experiencia dolorosa deja de sentirse solo como algo que ocurrió y empieza a sentirse como algo que define defectuosamente a la persona. El foco pasa de “qué me pasó” a “qué dice esto sobre mí”.
¿Qué es la fobia disociativa?
Desde modelos de trauma, la fobia disociativa describe la evitación intensa hacia experiencias internas como emociones, recuerdos, sensaciones corporales o partes del self asociadas al trauma. No significa que esas partes sean peligrosas, sino que quedaron asociadas a sufrimiento intenso.
¿Por qué me cuesta sentir compasión por mí?
Muchas veces la compasión existe hacia otras personas, pero no hacia ciertas partes de la propia historia. Esto puede ocurrir porque esas partes están asociadas a vergüenza, amenaza, vulnerabilidad o dolor no integrado.
¿Comprender lo que pasó debería ser suficiente para sanar?
No siempre. La comprensión cognitiva y la integración emocional no son lo mismo. Una persona puede entender que hizo lo que pudo y aun así sentir vergüenza o rechazo hacia la versión de sí misma que sufrió.
¿Por qué rechazo mi pasado aunque entiendo lo que ocurrió?
Porque comprender cognitivamente una experiencia no siempre significa integrarla emocionalmente. A veces sigue activa una capa de vergüenza, autocrítica o rechazo hacia la versión de ti que vivió esa etapa.
¿Cómo se trabaja esto en terapia?
Se trabaja identificando la autocrítica, devolviendo contexto, diferenciando culpa de vergüenza, procesando trauma y construyendo una relación menos hostil con las partes internas rechazadas. Puede abordarse desde TCC, Brainspotting, terapia centrada en la compasión, trabajo con partes y enfoques de trauma.
Reflexión final
Después de años trabajando con trauma, ansiedad, vergüenza y recuperación emocional, hay algo que encuentro una y otra vez.
La versión de nosotros mismos que más rechazo genera suele ser precisamente la que más sufrimiento cargaba.
La más sola. La más confundida. La más asustada. La más vulnerable. La más necesitada de apoyo.
Y quizá por eso mismo terminó convirtiéndose en la más difícil de mirar.
Muchas personas creen que sanar consiste en dejar atrás determinadas versiones de sí mismas. Sin embargo, la experiencia clínica suele mostrar algo diferente.
Con frecuencia sanar no implica abandonar a la persona que fuimos. Implica dejar de tratarla como si hubiera sido el problema.
A veces la persona que más compasión necesita no es quien eres hoy. Es quien fuiste cuando estabas intentando sobrevivir.
Referencias
American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.). American Psychiatric Association Publishing.
DeYoung, P. A. (2015). Understanding and Treating Chronic Shame: A Relational/Neurobiological Approach. Routledge.
Fisher, J. (2017). Healing the Fragmented Selves of Trauma Survivors: Overcoming Internal Self-Alienation. Routledge.
Gilbert, P. (2010). Compassion Focused Therapy: Distinctive Features. Routledge.
Kaufman, G. (1989). The Psychology of Shame: Theory and Treatment of Shame-Based Syndromes. Springer.
Steele, K., Boon, S., & van der Hart, O. (2017). Treating Trauma-Related Dissociation: A Practical, Integrative Approach. Norton.
Van der Hart, O., Nijenhuis, E., & Steele, K. (2006). The Haunted Self: Structural Dissociation and the Treatment of Chronic Traumatization. Norton.
Van der Kolk, B. (2014). The Body Keeps the Score: Brain, Mind, and Body in the Healing of Trauma. Viking.

